Coger la bici después de años

paseoenbiciEste fin de semana he cogido la bicicleta después de unos 10 años (¡o más!) sin subirme. La de verdad, no la estática 😉

Con el buen tiempo, me propuse hace unos días ir a la oficina en bicicleta. Al menos, probar. La toma de contacto del sábado me ha venido muy bien para darme cuenta de que ahora mismo es pronto. Aún tengo que pedalear mucho en plan ocio antes de poder coger la bici para ir al trabajo. La razón es bien sencilla: me falta forma física y seguridad en mí misma sobre las dos ruedas.

Ambos aspectos tendré que mejorarlos a base de coger la bicicleta por las tardes hasta que no me “ahogue” en las cuestas y no me entre telele si pasa un coche por mi lado, o si me tengo que parar en un stop, porque me cuesta volver a arrancar.

Eso que dicen de que el montar en bicicleta no se olvida nunca… jajaja ¡Me vengo acordando todos estos días! Es cierto que el pedaleo no se te olvida, pero el equilibrio lo mantenía perfectamente años atrás y ahora toca recuperarlo. ¡Pero, eh! Que no me pienso rendir hasta conseguirlo.

Otras cosas que tengo que estudiar aún es cómo echar el maletín del trabajo, si pondré un portaequipajes de esos que van sobre la rueda trasera, o si lo llevaré mejor en una mochila. Lo de la mochila supongo que es más cómodo, pero me arrugará la ropa y provocará más sudor, digo yo.

Todo es cuestión de verlo y de empezar 🙂
¡El movimiento se demuestra andando!

Pequeños malos hábitos

Una de las cosas que más me costaba siempre era meter verduras y frutas en mi día a día. Y no es que no me gusten. Gracias a Dios soy buena comiente y me gusta casi todo.

¿Entonces? Pues porque me iba normalmente a lo que fuera “abrir y servir”…maloshabitos

Desde que me propuse perder peso definitivamente, comprendí que lo más importante era cambiar esos pequeños malos hábitos:

  • No almorzar nada. Es decir, no tomar nada desde el desayuno (8.00) hasta la comida de medio día (14.30)
  • Llegar del trabajo y abrir una bolsa de patatas fritas o doritos o lo que sea, para matar el hambre mientras preparamos la comida. Normal estar que te subes por las paredes después de toda la mañana sin tomar nada.
  • Después de comer, al sofá con un buen postre. El dulce que no falte.
  • A media tarde, si tomaba algo, era algo del tipo vaso de leche con galletas.
  • Y ya por la noche, ay por la noche, después de un “duro” día de trabajo y con lo que nos gusta a los 2 comer… Entonces venía el queso a raudales (¡yo no sabía que el queso podía tener tantas calorías!), un kebap, una pizza, un menú completo del restaurante chino… Lo que se terciara.

Eso sí, lo de desayunar siempre lo he llevado a rajatabla. No salgo de casa con el estómago vacío. Era de lo poco que hacía bien ;P

Para contrarrestar lo anterior, ahora:

  • Siempre tomo algo a media mañana. Normalmente un yogur desnatado y/o una fruta. Y cuando estoy en la oficina me obligo a beber al menos 2 vasos de agua a lo largo de la mañana, más una infusión.
  • Mientras ponemos la mesa o preparamos la comida, en vez de doritos, partimos un pepino a lo largo con sal (sin aceite) y está riquísimo, oye.
  • Lo del postre no puedo quitármelo. Al menos de momento. Soy muy golosa. Peeeeero he encontrado postres sin azúcar que en sabor no tienen nada que envidiar a los que sí llevan y son súper pocas calorías. Un flan de vainilla sin azúcar, por ejemplo, sólo me cuesta 1PP, y uno de huevo, 2PP (del plan Entulínea).
  • Me obligo a merendar para no llegar a la cena con ansias de comer. Fruta e infusión, o fruta y yogur.
  • Las cenas son eminentemente a base de verduras. Hago unos purés de verduras para chuparse los dedos, ji ji ji Con muy poquito aceite, y salen riquísimos. No es que sea lo único, pero un par de noches a la semana cae.

Con estos pequeños grandes cambios en mi día a día y más movimiento, todo es más llevadero y los resultados son visibles.

¿Qué cambios has tenido que hacer tú?

Cuando los resultados se notan

«Has perdido peso, ¿verdad?» o «Te veo mucho más delgada» o «Cómo se te notan los kilos que has perdido» o «Madre mía, ¿cuántos kilos has perdido ya?»

Anda que no da gustito.

Llevo perdidos más de 12 kilos y eso ya se nota. Qué alegría. Se nota en la ropa, se nota en que me siento más ligera para moverme, se nota en que me apetece hacer más cosas… Pero además, cuando te lo dicen por la calle, es una motivación extra. Es un reconocimiento de que está funcionando. Una prueba… No es cosa de mi imaginación, ¡¡no!! ¡Olé, esto va viento en popa! Y aunque quede camino por recorrer, se me pone una sonrisa en la cara y me digo «¡A seguir!»

Dicen que cada 5 kilos es una talla. Lo cierto es que en cuestión de pantalones, sí que habré pasado de una 52  a una 48. Algunos pantalones de cuando empecé a perder peso me los sigo poniendo, por aquello de no renovar el armario cada 2 semanas, pero se nota un montón que hace 2 meses me estaban “ajustados” y que ahora me van sueltecitos… Algunos sueltos de más, con bochas y todo xD

Pero de momento no quiero comprarme más ropa, porque estoy perdiendo con cierta rapidez (dentro de lo saludable) y no me compensa.

Hoy, en el trabajo, me han dicho que se me nota mucho ya, y me he puesto más ancha que larga… ehmm… uh… Digo…

😉

Semana 12 – ¡Otros 2 kilos menos!

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Esto sí que no me lo esperaba. Esta semana me he cuidado, pero he tenido varios “extras”, así que me he subido a la báscula como cada martes desde hace ya 12 semanas con la esperanza de haber perdido al menos 500 gramos y… ¡He perdido 2 kilos! Qué alegría.

Esto no es lo habitual, así que puntualizo:

  • Los 2 kilos de esta semana tendrán que ver con que la semana pasada “solo” perdí 100 gramos. Así que supongo que parte de la pérdida corresponderá a la semana anterior.
  • Mi alimentación es totalmente equilibrada y gasto mis puntos (PP) casi todos los días. En el caso de la semana pasada gasté hasta los semanales y los extra por actividad… Me pasé incluso en 2 o 3 puntos.
  • Mi media de pérdida semanal desde el comienzo es de 1,2 kilos.

Estoy muy animada. Como suelo decir, me queda mucho camino por delante, pero estoy disfrutando del trayecto. Ya son 14 kilos menos que tengo que cargar cada día.

^.^

¿Obsesión con la báscula? No.

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Pesarse todos los días no es bueno.

En el pasado lo he hecho, pero hace tiempo que me di cuenta de que esa no es la cuestión.

Lo que estoy adoptando es una mejor forma de alimentarme, un cambio permanente en mi vida. ¿Realmente es tan importante si HOY peso 200 gramos más o menos que AYER? Eso no me dice nada. Para llevar un control y que me sirva de motivación, obviamente, me peso. Una vez a la semana. En mi caso, los martes, que es cuando comencé este método. Sí que es cierto, que por cuestiones de motivación no escogería el lunes, que es más probable que esté más hinchada después del fin de semana, cuando suele haber alguna que otra comida familiar o alguna que otra comida fuera.

Lo de pesarse todos los días puede ser contraproducente. Puedes agobiarte si ayer “te portaste súper bien” y vas hoy y pesas algo más de lo que esperabas. Los resultados pueden notarse unos días después, aunque entretanto te hayas atizado un bocata de nocilla… jejeje

¿Cuál es mi plan?

En los últimos casi 20 años he probado distintos métodos para adelgazar. No es que haya sido una bola andante, pero siempre he sido “rellenita”.

He ido a nutricionistas y gimnasios, probé con Herbalife y con Naturhouse, pasé por la dieta del sirope de savia y experimenté con infusiones de todos los tés habidos y por haber. Y, en cuanto a potingues, he probado los de efecto frío, los de efecto calor, de farmacia y de supermercado, los parches reductores y las fajas de sudoración. ¡Y cosas que ahora ni recuerdo!

Plan-DesignEn esta época de mi vida, en la que ya no soy una adolescente y no creo en dietas milagro ni en sacacuartos engañosos, lo único que pretendo es alimentarme bien, comer de todo sin pasar hambre, y adelgazar los kilos de más que he acumulado. En mi caso, esos kilos son unos 30. Como expliqué cuando hablé de mis motivaciones, he sido mamá por segunda vez hace poco y estoy en una etapa muy feliz, así que mis razones para adelgazar no son las que podían ser hace 10 años. Fue a raíz de darme de alta en una revista de bebés, cuando recibí una invitación para probar gratis una semana del plan Entulínea (Weight Watchers) y pensé que por probar una semana no perdía nada.

Y me gustó. Me gusta porque:

  • puedo comer de todo
  • no me tengo que ceñir a un menú diario ni semanal
  • incluye una app para móviles en la que registrar lo que ingiero y el ejercicio que hago
  • registrar lo que como me ayuda a ser consciente de lo que NO necesito
  • no tengo que pesar frutas ni verduras
  • no paso nada de hambre
  • tiene una utilidad para calcular cuántos “puntos” tiene cualquier alimento del mercado

En general, siento que estoy aprendiendo a comer mejor en vez de sentir que vivo a dieta.

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No soy monitora de Entulínea, ni llevo comisión, ni nada por el estilo, jejeje. Cualquiera con conocimientos básicos de nutrición y suficiente fuerza de voluntad, podrá prescindir de las herramientas que este método ofrece, pero a mí me están ayudando a motivarme. Solamente especifico el plan que estoy siguiendo por si alguien siente curiosidad.

Mis motivaciones

imagePara comenzar este blog, me gustaría hablar de mis motivaciones.

No pretendo escribir aquí para que me lea más o menos gente, sino para que me sirva de compromiso personal con mi nuevo estilo de vida.

Siempre he estado gordita, unas épocas más, otras menos. Algunas hasta he llegado al normopeso. He probado un poco de todo.

Hace un mes, cuando comencé esta nueva andadura, llevaba una talla 52, la más grande que he llevado. He dado a luz hace pocos meses y lo cierto es que en mis 2 embarazos he cogido muchísimo peso. Más de 20 kilos. Si a eso le sumas que ya tenía sobrepeso antes… Nos da como resultado… ¡tachán! ¡30 kilitos de más! ¡Ahí es nada!

¿Y para qué adelgazar? Si ahora mismo soy feliz, estoy encantada con mi pareja, con mis pequeños, con la vida… ¿Para qué “martirizarme” haciendo dieta o ejercicio? He ahí la cuestión. Si me miro al espejo y no me veo “tan” gorda… O «no me veo tan mal», me digo. «Todas no podemos estar delgadas. Yo “soy” gorda y ya está.»

Pues no.

Reconozco que tengo hábitos muy poco saludables y eso es lo que quiero cambiar. Más allá del peso, que vendrá por añadidura, quiero cambiar mis hábitos de sedentarismo y de mala alimentación. Y quiero cambiar por salud. Quiero ser un ejemplo para mis hijos, quiero estar en buena forma física para correr detrás de ellos, para subir las escaleras sin cansarme… Y, aunque parezca una tontería, me hace ilusión caber en mi vestido de novia de hace unos años.